miércoles, 5 de noviembre de 2014

Yoga y deporte


Yoga y deporte

 

Analizando la evolución del deporte a lo largo del siglo pasado se podría decir que su extrema competitividad y profesionalización han ido alejando a los deportistas de élite de los supuestos beneficios que debería aportar su práctica. El estrés emocional y físico al que se ven sometidos éstos requiere de un cuidadoso plan de entrenamiento a la vez que una mayor necesidad de “mentalización” en cuanto a los períodos de descanso, actividad, relajación y sueño. No es de extrañar que muchas de las lesiones deportivas se deban al estrés que el mismo deporte introduce, una falta de equilibrio interno que acaba manifestándose en un desequilibrio externo. Está claro que si la energía no fluye convenientemente puede acabar en un bloqueo, por exceso o por defecto. Y es por eso que determinadas disciplinas ancestrales de entrenamiento paulatino a nivel mental, físico y energético resultan de excelente ayuda para cualquier deportista con el fin de “experimentarse“ de otra manera. Es otro juego, uno en donde el deportista se encuentra frente a sí mismo y a partir del cual se hace más consciente de sus puntos fuertes y débiles, en donde su mayor autoconocimiento le permite sobrellevar dudas, penas y glorias. Quizás la más completa guía para el cuerpo y la mente venga del la práctica yoga. Nacida en la India hace unos 2500 años, ha ido introduciéndose en occidente sobre todo a partir de la década de los años 60. Su acercamiento a Europa supuso que fuera estudiada por la ciencia, y con ella por el deporte en general. Si bien se trata de una filosofía para la vida, una forma de entender el cuerpo como el templo de alma, no necesita de ningún tipo de creencia religiosa para ser efectiva. Tan solo un compromiso con uno mismo, a fin de perseverar en su práctica y en su dimensión para el equilibrio interno.
El yoga es un arte para la prevención de dolencias como también puede servir de tratamiento orgánico y, por supuesto, de lesiones musculares. De hecho, su influencia en la preparación física moderna es más que notable. Pero va más allá de todo esto, ya que el componente de armonía psicoemocional no deja de estar presente cuando se realiza de la manera adecuada.
Ahora bien, cabe hacerse la pregunta, ¿es el yoga un deporte?. Inevitablemente topamos con el mundo de los conceptos por el cual toda expresión hablada o escrita ha de pasar. Al igual que la danza, en sentido estricto, no es considerada un deporte, el yoga tampoco lo es. Más aún, puesto que no se actúa para ningún público aún se aleja más de estas referencias. Y si seguimos con las comparaciones, el deporte es espíritu competitivo mientras que el yoga es básicamente “espíritu”. Otra de sus características esenciales consiste en la recarga de energía en lugar de su gasto. Se trata de una experiencia para todo el Ser. Gracias a esto se vuelve compatible con cualquier actividad física o intelectual, desde el trabajo de un obrero, al de un estudiante, pasando por el que pueda llevar a cabo un artista o bien un jugador de fútbol.
¿Cuáles son los principales beneficios que aporta al deportista?
Son muchos y todos tienen como principal causa una actitud consciente que puede ser explicada de muchas maneras: la práctica del momento, la presencia en el aquí y el ahora, la atención plena,... todo ello no significa aislarse del mundo que nos rodea, o luchar internamente contra uno mismo. Significa reducir el impacto del mundo externo mediante la observación que trae la actividad del yoga. Y tras ello surge la aceptación, normalmente de forma natural. Así suele ocurrir.
Vayamos a lo concreto. Los efectos benéficos del yoga fueron estudiados ya en la antigua Unión Soviética para ser usados en diferentes programas de entrenamiento de astronautas. Un ingrediente fundamental es la atención prestada a la respiración. Otro es la toma de conciencia corporal mediante los “asanas” o posturas yóguicas. De aquí se derivan las ventajas siguientes:
1. Mayor flexibilidad y regulación muscular
Es una consecuencia casi inmediata. El yoga ayuda a prevenir y compensar muchos de los desajustes físicos que se producen en el deporte. Cada asana es, en sí misma, una alternativa progresiva entre fuerza y elasticidad. La alta competición conlleva dimensionar la potencia en detrimento de la capacidad flexible de los músculos. Un ejemplo típico en este apartado sería el síndrome de acortamiento de los isquiotibiales que puede causar un gran número de patologías, entre ellas dolores en la zona lumbar y dorsal.
2. Regeneración de las articulaciones
El líquido sinovial es el alimento de los cartílagos que permite que estén correctamente lubricados. Los movimientos en yoga nutren todas las articulaciones para favorecer su adecuada puesta a punto, previniendo así el desgaste y las inflamaciones correspondientes. Ante una lesión la recuperación es más rápida ya que los tejidos están más oxigenados.
3. Una columna vertebral más preparada
Una de las grandes cualidades de las asanas específicas de suelo es contribuir a mantener la espalda sana. Hay una gran combinación de movilizaciones que fortalecen la columna al mismo tiempo que proporcionan soltura y armonía interna.  
4. Sistema circulatorio y neuronal mejorado, mayor rendimiento
La conexión consciente con la respiración, (por ejemplo, en Pranayama) lleva más oxígeno a los pulmones, lo cual no solo favorece a la musculatura sino también a la circulación de la sangre. Tal efecto tiene múltiples implicaciones, desde un corazón más preparado para el deporte, hasta un cerebro que libera endorfinas con más facilidad, reduciendo el dolor consecuentemente.
5. Disminución del estrés emocional, otra forma de prevenir lesiones
Está comprobado que el yoga contribuye a disminuir y estabilizar la hormona cortisol, responsable de estrés cuando sus valores son altos. Unos niveles óptimos no solo van a ayudar al sistema inmunológico sino también al balance correcto de minerales, algo esencial para los huesos. Se puede afirmar que la práctica del yoga es un ansiolítico natural sin efectos secundarios. Favorece una mentalidad positiva y un estado de conciencia del ser. 
6. Mejora de la capacidad de atención
Es un hecho relevante para el equilibrio físico y la habilidad de propiocepción o manejo del espacio, algo esencial en toda actividad deportiva. Existen muchas y muy variadas asanas para este entrenamiento de coordinación motora, que va más allá de lo físico para permitir su interiorización a nivel psicológico.
7. Tejido conjuntivo oxigenado
Un buena respiración cambia el sistema nervioso, y a partir de ahí el resto se regula de forma encadenada. Los elementos del cuerpo humano son altamente interdependientes. Por el tejido conjuntivo pasan todos los nervios, venas y arterias, es decir, la energía que entrelaza todo el sistema.

Concluyendo:
En la actualidad cada vez son más los deportistas que incorporan el yoga como un complemento ideal en su entrenamiento. Cuenta con enormes implicaciones positivas que abarcan desde la preparación física a la mental, sin olvidarnos del grado de concienciación que supone para el ser humano. El trabajo interior reconduce el impacto de lo inesperado, ya sea una derrota, una lesión o la misma incertidumbre ante un evento. El yoga nace para el cambio, porque éste forma parte de la vida. La confianza adquirida por el atleta permite que la energía que lo nutre fluya en la dirección correcta. Así pues, estamos ante una visión holística de la salud y el bienestar del individuo en general, y del deportista en particular.


                                                                                                      Pascual Torres Alberich
                                                                                                      Profesor de Hatha Yoga